Cuando llegamos, a parte de subir mil escalones para llegar al séptimo piso, dejamos nuestras cosas en la caja como siempre y fuimos rápidamente a nuestros puestos, este dÃa me tocó ir a quimio. Por alguna razón, cada vez que llego y veo a los niños me da una sensación extraña de tristeza y pena por verlos en esa situación y no poder hacer nada para que se recuperen, pero algo que sà puedo hacer para que recuperen esa alma de niño vivo y juguetón es acercarme a su camilla, preguntarle que quiere hacer y traer sus juguetes, dibujos o rompecabezas y pasar un dÃa divertido con ellos, como si volviera a ser niña. Y eso fue exactamente lo que hice. Esta fue la primera vez que pude estar y a la vez manejar con normalidad a tres niños, y consecuentemente hacer que estén felices por si quiera unas horitas.Cartas de solitario, rompecabezas y dibujos de superhéroes fueron las cosas que utilicé ese dÃa con los niños, en un comienzo siempre el silencio abunda y no puedo quejarme, son niños pequeños tÃmidos que ven a una persona desconocida que quiere jugar con ellos, creo que en estos casos la confianza en sà mismo y la voluntad para hacer las cosas BIEN es importante, ya que gracias a esto puedo romper ese gran silencio que hay en la sala de quimioterapia. Desde que me tocó estar en INEN me he propuesto a eso, a hace un cambio y creo que, a pesar de las dificultades y los sentimientos de tristeza que pueden existir tanto en el niño como en mi, creo que lo estoy haciendo bien, porque no hay nada más satisfactorio que volver a casa sabiendo que alguien que te necesitaba esta o estuvo feliz por al menos un instante.
Esperare la siguiente visita con ansias y con mucha disposición.
Marcela Yeckle
BI-1°E
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